DOLOR
Hoy me cuesta más que nunca dejarme caer por aquí. Estoy decepcionado. Estoy muy triste. Y sobre todo estoy henchido de rabia. Se me pone un nudo en la garganta cada vez que pienso en los dos Guardias Civiles que, anteayer mismo, fueron víctimas del terrorismo canalla y cobarde de la ETA. Otra vez la maldita ETA; esta vez acicateada por un proceso en el que se bautizó a algunos de sus cabecillas como hombres de paz. Y así fue porque así lo quiso nuestro gobierno, ¡qué barbaridad! El mismo gobierno que ayer pretendía mostrar una imagen firme ante el terrorismo pero que sin embargo el miércoles se negó de forma rotunda a anular la decisión del congreso de negociar con la banda asesina, menuda paradoja. ¿Hasta cuándo durará esta firmeza? ¿Será definitiva y dejarán de decirnos manipuladores a los que, escarmentados de las sangrientas mentiras de Otegui y compañía, siempre renegamos de un proceso que no iba a traer nada bueno para España? Me temo que no. Me temo que en unos cuantos días se volverá a las andadas y, mirándonos con desdén a los que no apoyamos su suicida aventura, comenzarán, de nuevo, a tirarle los tejos a De Juana y sus sanguinarios secuaces.
Ya está bien de tanto escarnio. Ya está bien de discursos lacerantes contra las víctimas a las que se les culpa de no querer la pazzzzzzzzz. Estoy de acuerdo en que la unidad de todos los españoles es ahora más necesaria que nunca; pero una unidad real, no una unidad de plastilina utilizada por tipos como Llamazares para arañar un manojo de votos y luego ir al País Vasco a darles subvenciones y palmaditas en la espalda a los familiares de los asesinos. Yo no quiero esa unidad. Yo quiero una unidad asentada en la convicción democrática de que el único (sí, ya está bien de ilusiones y falsas esperanzas, el único) camino factible para acabar con la banda terrorista es que la Ley actúe con severidad contra todos los componentes de ese entramado que se hace llamar “izquierda abertzale”.
Hay quien dice que en estos casos es necesario dar algo a cambio; yo le preguntaría si le parece poco la vida de estos dos jóvenes que vienen a sumarse al casi millar de muertos que los hijos de puta de la ETA nos han dejado a lo largo de su diabólica historia.
¿Qué opinan ustedes? Reflexionen. Hasta otra.
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