Separación de poderes
Si Charles Louis de Secondat, conocido por todos como Montesquieu, el padre de la separación de poderes, levantase la cabeza y observase el panorama en España, posiblemente se sumiría en una profundísima depresión. Se preguntaría qué es lo que falla para que exista un evidente solapamiento entre los Poderes del Estado y cuáles son las circunstancias que hacen que la justicia desprenda un hedor a compadreo con la clase política.
Me malicio que, a pesar de los múltiples casos de corrupción que están saliendo a la luz (de un partido y otro. En este momento me cuesta mucho hacer diferenciaciones), serán pocos los responsables políticos que darán con sus huesos en prisión. Aquí “no pasa ná de ná”. Es decir, que se puede robar y salir incólume. El mensaje está claro: métete en política y, si quieres, roba. Salvo que seas un pardillo al que cojan de cabeza de turco para expiar los mangazos mayores, puedes estar tranquilo.
Fíjense en cuántos alcaldes, consejeros, diputados y ministros entran en la cárcel; comparando con el número de ellos que están implicados en “asuntos raros”, debe ser un porcentaje irrisorio. Insisto, ahí está el filón para toda la pléyade de sinvergüenzas que ven en la política la forma más rápida y segura de lucrarse. Si, por el contrario, la justicia fuese contundente con todos ellos, probablemente huirían de la política y recurrirían a otros ardides que deberían ser más propios de los delincuentes que la política.
Por tanto, concluyo que si a cada mangante que entra en política se le empaquetara debidamente, saldríamos ganando todos. Las poltronas estarían ocupadas por personas con verdadera vocación de servir a su tierra y a sus conciudadanos; y acabaríamos, quizás, con tanta recalificación y contrato dudoso.
¿Qué opinan ustedes? Reflexionen. Hasta otra.
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