LA PESCADILLA QUE SE MUERDE LA COLA
Pobrecitos. Qué lástima. ¿Qué culpa tendrán ellos? Estas son sólo algunas de las frases más comunes que pronunciamos cuando vemos a niños tirados en la calle, jugando entre ratas y jeringuillas. Sin embargo, cuando estos niños alcanzan cierta edad y comienzan a delinquir, cambiamos diametralmente la idea que sobre ellos teníamos. Pasan, sin que nos demos cuenta, ante nuestros ojos, de víctimas a verdugos.
Que trabajen. Sólo son unos vagos. Qué cara más dura tienen. Estas son las frases de las que son objeto aquellos que, cuando tenían algunos años menos, despertaban en nosotros un profundo sentimiento de pena y una mayúscula sensación de injusticia.
No quiero con esto eximir a nadie de la evidente responsabilidad que cada cual tiene en su vida pero sí me gustaría que nos situásemos en un justo término medio porque, creo que en esto todos estamos de acuerdo, las circunstancias inciden de manera notable en nuestro devenir.
Ojalá yo supiera dónde radica el error de las políticas sociales que propician estas situaciones pero, más allá de la evidente falta de voluntad real por erradicar un problema que acompaña a las sociedades desde tiempos inmemoriales, no sé cuál podría ser la tecla a pulsar para solucionar esta pandemia que representa la marginalidad.
¿Saben con qué identifico yo esta situación? Sí, efectivamente, han acertado, con la pescadilla que se muerde la cola.
¿Qué opinan ustedes? Reflexionen. Hasta la semana que viene.
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ulises -