EL MONSTRUO
Ya he comentado en alguna ocasión que vivimos subyugados por el monstruo de lo políticamente correcto; éste invade, cada día más, todos los ámbitos en los que intentemos movernos con algo de libertad. Aparte de tener que hablar continuamente, como si fuésemos párvulos en proceso de asimilación del lenguaje, de padres y madres, ciudadanos y ciudadanas e, incluso, de miembros y “miembras”, el monstruo de lo políticamente correcto nos obliga a actos, por acción u omisión, de consecuencias muchísimo peores. Piensen si no por qué no ha habido ninguna reacción vehemente contra la vacua propuesta de Zapatero del “nuevo modelo productivo sostenible”; nadie se atreve, por temor al monstruo, a criticar el inane discurso del presidente por el mero hecho de que, sólo por ello, caería en las fauces más demagogas y beligerantes contra la libertad de expresión y el sentido común. Por eso no hay quien se atreva a poner el dedo en la llaga y decir que lo que hay que cambiar de nuestro sistema productivo es el absentismo laboral, la cantidad de liberados sindicales y el fraudulento acceso a determinados subsidios.
Piensen también en qué sería de aquel temerario que criticara el “plan E”, de aquel que dijese que éste pone a disposición de cualquier alcalde (por muy pequeño que sea el municipio que dirige) millones de euros para untar a su constructor de cabecera (las obras se están concediendo a dedo, ex profeso, teóricamente, de hacer un reparto más justo) y, de paso, montarse un chalecito con piscina y pista de pádel. Cualquiera se atreve.
Este monstruo de lo políticamente correcto se torna más poderoso cuan más avanzamos hacia el analfabetismo de facto hacia el que viajamos irremediablemente. Por eso no nos atrevemos a clamar contra las nuevas “becas para evitar el abandono escolar”; por si no han oído hablar de ellas se las explico de forma sucinta: Un niño de 16 años recibirá, si hay riesgo de que abandone los estudios, 1400 euros al año para que desista en su dejadez. Es decir, los niñatos que pasan de clase, y de todo, podrán comprarse una moto para ir al parque a fumar porros, mientras que el alumno que cumple con sus obligaciones volverá a ser marginado y olvidado (¿para qué vamos a cuidar a un empollón pringado, no?). Ya sé que para quedarse con la beca hay que aprobar pero…¿Creen ustedes que quedan muchos profesores con valor y posibilidades para enfrentarse, suspendiéndolo, a uno de estos matones y a sus padres? Seamos realistas.
Con este artículo sólo pretendo hacer un llamamiento para que seamos valientes y adquiramos el compromiso con nuestra sociedad para que, entre todos, luchemos contra el monstruo de lo políticamente correcto, al que dan de comer todos los días nuestros políticos.
¿Qué opinan ustedes? Reflexionen. Hasta otra.
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