MUCHO MÁS QUE UN PARTIDO DE FÚTBOL
El Sevilla perdió ayer mucho más que la oportunidad de pasar a la final de la copa de S.M el Rey. Perdió la ocasión de revertir una situación que trasciende lo meramente futbolístico: los vascos, que se dedican a insultarnos, despreciarnos, amenazarnos y chantajearnos, se salen con la suya y nos ganan. Es la misma historia de siempre y ocurre en todos lo ámbitos de la vida; piénsese en tasas de paro, en infraestructuras en nivel de industrialización, etc. ¿Es todo eso casualidad? ¿es que acaso son más listos que los andaluces?
Les daré mi particular visión de los hechos: Tenemos que defender lo nuestro. No hablo, ni mucho menos, de que todos hayamos de ser nacionalistas. Eso sería un disparate. Lo que quiero es invitar a la reflexión acerca de cómo han encarado este partido (insisto que el partido no me parece más que un detalle) todos aquellos que, perteneciendo al gremio que sea, han apoyado al Bilbao y cómo lo han hecho aquellos que, supuestamente, estaban de parte del Sevilla. Piensen en cómo ha caldeado el ambiente la prensa vasca y recuerden la instantánea del alcalde de Bilbao con la bufanda de su equipo en el palco. ¿Qué ha hecho la prensa sevillana y la representación política andaluza? Se lo diré yo: actuar de manera patética con una actitud rayana al miedo y no dar la cara; es más, muchos se han dedicado a hacer la pelota a los vascos hablando del ambiente de San Mamés. ¿Me puede explicar alguien por qué hay que asumir el acervo de que en “la catedral” el público mantiene un comportamiento ejemplar?¿Se refieren tal vez a que se muestran banderas de batasuna cada vez que marcan? ¿O hablamos, quizá, de que se interrumpen los minutos de silencio con cánticos de apoyo a los asesinos?
En fin, ahora lo que toca es dar palos a Del Nido por haber sido el único que, públicamente, ha apostado por su equipo y ha plantado cara a aquellos que tiene por costumbre pisotearnos. Ojalá todos hubiéramos mostrado nuestro orgullo de la misma forma que él y hubiésemos desechado, de una vez por todas, ese estupido complejo que nos hace reirle las gracias a los que nos pegan por la espalda.
¿Qué opinan ustedes? Reflexionen. Hasta otra.
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