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¿Educación...qué educación?

Ha dicho Zapatero, aprovechando la reestructuración del Gobierno, que la línea más importante de su política va a ser la educación; dice el presidente que la educación es el futuro y que por ello debemos apostar fuerte por ella. Hasta aquí no creo que haya nadie que discrepe con él, pero…muchos nos preguntamos si apostar por la educación es poder pasar de curso sin aprobar, o gastar cuatro años en meter con calzador una asignatura en la que se le dice a los niños a quién deben votar cuando sean mayores. Quizás educación, para el señor Zapatero, sea poner de ministro de fomento a un hombre sin estudios universitarios, o de candidato a las elecciones vascas a otro igualmente sin formación; sin duda, estos serán dos ejemplos para acicatear a los jóvenes en el esfuerzo para obtener una carrera. No sé qué consejo daría nuestro presidente a un joven que le preguntara acerca de la mejor opción entre estas dos, a saber: pegarse cinco años estudiando una carrera para ganar mil euros o salir del instituto y meterse en un partido político que le garantice un buen sueldo de por vida (siempre y cuando no se atreva a disentir y esté dispuesto a pasar la mano por el lomo en el momento adecuado a la persona idónea).

 

Es obvio que estamos ante uno de los mayores exponentes de esa política de gestos que está contribuyendo al hundimiento del estado del bienestar. Es evidente que aquí ya no importa qué se haga, sino convencer a la gente. Y eso, Zapatero y su equipo saben hacerlo de lujo. Fíjense, si no, a quién ha puesto de ministra de cultura: a la directora de la academia de cine (este año los cineastas han obtenido más beneficios de subvenciones que en taquilla, así que…no creo que se manifiesten, como hicieron, con razón, cuando se declaró la guerra de Iraq, con pancartas que recen “Contra el paro”).

 

Con este panorama, lo que más me desazona es la victoria de la imbecilidad; estamos en un país en el que damos más mérito a un cocinero que a un cirujano, admiramos a un modisto y soslayamos la labor de miles de jóvenes titulados que trabajan como becarios de investigación sin superar los mil euros.

 

¿Qué opinan ustedes? Reflexionen. Hasta otra.

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